lunes, 16 de mayo de 2011

EL ENTE


En 1974, el equipo de expertos del laboratorio de parapsicología perteneciente a la Universidad de California recibió la visita inesperada de una mujer, Carla Moran, que le relató al escéptico doctor y director de dicho departamento, Barry E. Taff, que en su propio dormitorio una entidad invisible la violaba.


En ocasiones la agresión sexual era tan violenta que en su cuerpo aparecían visibles magulladuras y heridas, incluso en la zona genital. En un primer momento, el psiquiatra achacó los supuestos ataques a un desorden mental de la mujer; pero en cuanto le mostró las heridas, el dictamen inicial tuvo que ser modificado.


En la antigüedad estas presuntas agresiones sexuales por parte de entidades invisibles eran atribuidas a unos seres conocidos por el nombre de íncubos y súcubos: una especie de demonios que poseían principalmente a las mujeres. Por supuesto, en pleno siglo XX doctores como Barry E. Taff ya no creían en la existencia de íncubos y súcubos, sino que atribuían este tipo de fenómenos a desequilibrios mentales o a las capacidades desconocidas de nuestro cerebro. Sin embargo, el caso de Carla Moran ponía en entredicho cualquiera de las dos teorías anteriores.




El caso captó la atención del doctor Taff, que decidió entrevistar de un modo más exhaustivo a la mujer, que residía en la localidad de Culver y era viuda. Posteriormente hizo lo propio con sus hijos y vecinos, quienes le confesaron que ellos también habían sido testigos de los fenómenos. Desde ese instante, al supuesto agresor invisible se le conoció por el nombre de el ente.


Los primeros estudios sobre la personalidad de Carla mostraron que gozaba de estabilidad emocional. Decidido a encontrar una explicación, el doctor Taff se puso en contacto con el hipnólogo Kerry Gaynor para que indagara en el subconsciente de Carla, con la esperanza de rescatar recuerdos que pudieran aportar alguna pista.

Sin embargo, las sesiones hipnóticas no aportaron nada en claro.


Mientras tanto, las violentas manifestaciones del ente seguían produciéndose y la investigación se centró en averiguar cuál era la causa de las agresiones que sufría. Un equipo de médicos, con Taff y Gaynor al frente, decidió instalarse en el domicilio de la mujer.


En aquellos días fueron testigos de la aparición de bolas luminosas, llegando incluso a obtener dos fotografías en las que aparecían reflejadas unas extrañas luces que rodeaban el cuerpo de Doris. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, pero algunos investigadores escépticos aseguraron que no se trataba más que de inusuales reflejos en el cristal de la cámara.






Supuestas fotografías paranormales


En un primer momento, los investigadores habían atribuido los fenómenos a algún tipo de problema psíquico relacionado con trastornos del sueño, pues las agresiones siempre se producían mientras Carla dormía. Sin embargo, ante la espectacularidad de los hechos y su impotencia para hallar una solución, los psiquiatras comenzaron a tener en cuenta la posibilidad de la existencia de una entidad sobrenatural que atacaba a la mujer.


Ni psiquiatras ni exorcistas habían ofrecido una respuesta a Carla, que continuaba sufriendo las violaciones, que provocaron en la mujer tres embarazos psicológicos.

Ante el cariz que tomaban los hechos, la mujer aceptó trasladarse al laboratorio de la Universidad de California. Allí se le construyó una casa de cristal en la que vivió durante un tiempo, continuamente observada por cámaras y los doctores. La sorpresa llegó cuando una noche todos los presentes pudieron presenciar una de las agresiones.

El cuerpo de Carla se retorcía y se movía como si alguien la empujara y la sujetara al mismo tiempo, pero ninguna de las cámaras registró nada extraño a su alrededor. A esta primera agresión le siguieron otras tantas, las cuales también pudieron contemplar los cada vez más asombrados especialistas.


Las agresiones continuaron produciéndose y Carla se trasladó a Texas con la esperanza de comenzar una nueva vida y perdió el contacto con los investigadores, aunque continúo siendo agredida por esta entidad sobrenatural.
El caso trascendió al público gracias al libro que escribió Frank de Felitta, quien llegó a ser testigo de una de las agresiones. Posteriormente el libro se adaptó al cine con su mismo título el ente (1982).






1 comentario:

julia dijo...

Te felicito Eugenia un buen reportaje,saludos.